La magia de la quinua

Esta planta cultivada en los andes latinoamericanos y sagrada para las culturas indígenas ancestrales se ha convertido en un alimento fundamental para los hogares bogotanos.

Foto: Fabricio Galindo

Por Vanessa Morales

Elizabeth Sánchez trabaja desde hace 20 años en la plaza de mercado 7 de agosto. Con 18 años de edad llegó a la plaza para trabajar con su tía en el puesto de frutas. Con el pasar de los años logró independizarse y montar su propio local y decidió que se iba a especializar en lo que más buscaban sus clientes en los últimos años: productos naturales derivados del maíz.

Los visitantes a la plaza podrán encontrar en su local harinas de maíz pintado, maíz crudo, siete granos, de garbanzo, cebada y quinua. “Las harinas las hace un familiar que vive en Ubaté y tiene un molino”. Los vínculos familiares entre los vendedores de las plazas han permitido que las plazas se mantengan en el tiempo.

También vende semillas, amaranto, linaza y los productos del campo como las arepas y almojábanas traídas del municipio de Ramiriquí, departamento de Cundinamarca, y los envueltos de mazorca (conozca la receta) preparados por su madre.

Los productos naturales tienen muy buena acogida porque son productos artesanales sin conservantes y además tienen muchos nutrientes. “El producto más vendido es la quinua porque tiene proteína para las personas que están débiles o convalecientes. Sus propiedades son semejantes a la leche materna” afirma Elizabeth.

Con la quinua se pueden preparar distintos platos como sopa de verduras o arroz con la receta tradicional: una taza de quinua y una taza de arroz y se deja cocinar. También se puede guisar como principio en los almuerzos o como ingrediente en las ensaladas. “Por ejemplo yo se las doy a los niños como cereal a la hora del desayuno con leche o yogurt. Lo que ellos prefieran” explica.

Además de sus usos alimenticios, también es utilizada para tratamientos medicinales para enfermedades como la ansiedad, diabetes, osteoporosis y la migraña.

Finalmente, Elizabeth hace una invitación a los extranjeros y colombianos para que visiten la plaza 7 de agosto porque “es patrimonio nacional y no se debe acabar nunca. Además, aquí hay atención personalizada y consentimos al cliente. Yo tengo clientes que vienen frecuentemente y yo ya sé que vienen a buscar. Los conozco. Eso a ellos les parece fabuloso! Es importante que no se acabe esa comunicación entre el vendedor y el cliente”.

 

 

VOLVER