Plazas de mercado, un mundo de beneficios para los consumidores

Foto: Archivo IPES
Foto: Archivo IPES

Por: Camilo Gómez Castro, Director del Instituto para la economía social IPES

En las 19 plazas de mercado, administradas por el IPES, los consumidores pueden encontrar una gran variedad de frutas, verduras, carnes, productos artesanales, orgánicos, vegetales, lácteos, abarrotes, mermeladas, chocolates y nueces, entre muchos otros.

En los últimos años, las ciudades colombianas han sido testigo de una transformación en las tendencias de consumo. Las grandes cadenas de supermercados han marcado la tendencia pero las exigencias de los compradores llevan a crear nuevos formatos en la comercialización de productos al enfrentarse a otros modelos que ofrecen nuevas opciones de abastecimiento, como tiendas que ofrecen productos de comercio justo.

Por supuesto, Bogotá –siempre a la vanguardia– no es la excepción. En contraste con las grandes marcas y grupos económicos, hace cerca de 4 años, las plazas de mercado comenzaron a resurgir como respuesta a una doble necesidad: la de satisfacer la demanda de productos naturales, artesanales y la de ofrecer a los productores una vía para vender sus productos a un precio justo.

Dentro del plan de fortalecimiento al sistema distrital de plazas de mercado, el Instituto para la Economía Social-IPES busca garantizar el acceso a los alimentos en términos de calidad, cantidad, precio y oportunidad, con el fin de contribuir a la seguridad alimentaria y a la preservación del patrimonio cultural inmaterial de Bogotá.

Quien visita las plazas de mercado distritales encuentra una gran variedad de productos frutales, artesanales, locales y orgánicos: vegetales, lácteos, leches, abarrotes, mermeladas, salsas, aceite de oliva, chocolates, nueces y cremas, entre muchos otros.

Pero, más allá de eso, encuentra una experiencia enriquecedora, que no descubrirá al ir de compras a una cadena de supermercados. La gente busca una experiencia más humana. Está ávida de escuchar historias, de conocer quién está detrás de los productos que consume; por eso los comerciantes de las plazas y los mercados campesinos, que hacen parte de esa cultura popular, le permiten conocerlo.

Los mercados establecidos en las plazas enfrentan el reto de lograr que la gente descubra el beneficio de pagar “un poco más”. A cambio de pagar un precio justo, los consumidores pueden confiar en que están recibiendo un producto de alta calidad, producido con cuidado y donde les dan la ñapa.

La gran diferencia entre un supermercado y una plaza de mercado es que, en el segundo, los productores fijan sus precios y reciben una remuneración justa por su trabajo.

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