Crónica en el Restrepo

Foto: Fabricio Galindo

Por: Antonio Morales Riveira.

En armonía con el fragor del propio barrio comerciante que la acoge -verdadero emporio de la moda y los objetos, Mil y una Noches del comercio, profana barriada popular- la plaza de mercado del barrio Restrepo bulle en ella misma y se cocina en sus dos pisos y en sus 14.000 metros cuadrados, hasta convertirse en suculento plato de la geografía bogotana.

Hace 30 años allí se instalaban las marchantas en abigarrado mercado pueblerino en un lote en el cual, tras ser donado al Distrito, se construyó la galería con su simple arquitectura de hierros y vidrios, bodega que guarda aun los años setenta. Hoy pertenece a la alcaldía menor de Antonio Nariño y alberga 800 puestos y locales donde trabajan 457 asociados.

Hay de todo, como en toda plaza, pero lo que hace a la del Restrepo distinta a tantas otras de la ciudad, son sus ventas de animales vivos que es una manera comercial de llamar a este zoológico donde conviven en decenas de tiendecitas la mayor comunidad de pájaros y pajarracos de Bogotá: Todas las aves de corral, la gallina saraviada, el ganso, los patos, la pava, las codornices, cacatúas y perdices, pericos , loros y los más pequeños alados, los bengalíes que no son de la India sino del Tolima. A su lado toda suerte de peces ornamentales, y entre los mamíferos cuyes, conejos, perros y gatos, estos dos últimos sacados de las camadas de las casas bogotanas y listos para irse a mascotear.

Zoológico con la particularidad de que allí a todos se les puede hablar y escuchar decir sus cosas, acariciar y llevárselos para la casa. Entre cantos y rumores de pajarerío de tierra caliente que ha traído el sol a las jaulas, Mauricio Cascavita que lleva cinco años vendiendo animalitos en su lindo oficio de colores, da los precios. “la pareja de bengalíes a 25.000, la de pericos a 15, la de cacatúas a 70, el pato a 25 cada uno, el perrito labrador a 150, el gato blanco a 50, el angora a 110 y el persa a 120, todo controlado por el Dama”. Y claro, también se venden jaulas de Barbie para pájaros, juguetes para animales, comida y casas privadas para animales públicos.

La plaza del Restrepo transpira de trabajo, con el sudor siempre ahí para perfumar las vainas que cuelgan del techo, el interminable canasterío donde no faltan hasta las cunas en mimbre para mellizos con sus bebés de la imaginación. A cado paso florecen la bondad de las conversaciones, las ofertas, aparecen los señuelos, la pruebita de chorizo. Se venden insólitas fuentes y piletas portátiles, se exhibe una extraña colección de ánforas de barro como de naufragio griego en el mar Egeo, hay fiques y cerámicas, estropajos y pedazos de país diverso. En una esquina aparece la Virgen del escapulario, patrona de los venteros y me encomiendo a ella y a todo el barrococó nativo y a la queridura de la gente.

Y bueno, ni hablar de las fruterías… que son más bien una versallesca galería hecha de piel y pulpa, como llegar a un edén embaldosinado y uno sentado en el paraíso en medio de las ensaladas de frutas, pequeñas pirámides de abundancia, diseño puro y popular; a la boca de una… sobre todo esa fecunda guanábana abierta, útero y matriz del trópico.

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Los puestos de ensaladas de frutas son tradicionales en la Plaza de mercado del Restrepo || Foto @funkyblues

 

Y ¿qué tal el jugo de cangrejo vivo? Receta: en una licuadora se lanzan diez cangrejos de agua dulce de Suesca vivos y se les agrega vino, ostras, miel, brandy, sabañón, pulpa de borojó, leche y una ampolleta de vitacerebrina para darse un estímulo radical directo al coco y no olvidar nada o solo lo molesto. Licue y al vaso. Coctel explosivo y mortal si uno es gringo o europeo, pues solo es apto (científicamente comprobado) para latinoamericanos y japoneses u otros ojo-rasgados con estómagos capaces de digerir semejante carga de profundidad nutriente. Me lo tomé y sabe a todos los ingredientes sin llegar a tener un sabor de mezcla, sino más bien de unión de cosas, a lo sancocho, dentro de esa filosofía popular de agregar todo lo que está a la mano, de tener todo en un instante porque mañana quien sabe…

Y si el problema quiere erradicarlo de raíz o en la propia raíz, pues a la misma bomba se le agrega su ampolleta de Sexovit, que según Nancy Aguilar de San Miguel de Sena, es un viagra natural que va directo al miembro o a mi hembra, menjurje más coñocido como “berraquillo”, a $5.000 si es sencillo o a $10.000 si se le agregan embriones de pato, para acabar de producir la reacción atómica y en cadena, al ingerir ese todo licuado. Ojo: tomarlo solo día de por medio.

Tantas cosas descansadas y excitantes al mismo tiempo en la Plaza del Restrepo, allí donde la gente canta y vende de siete de la mañana a cinco de la tarde, “todo bien” dijo el Pibe, donde se consiguen cortezas enteras de canela y sobre todo donde se ha elevado la coquetería al rango de esencia y de virtud.

Por: Antonio Morales Riveira, antropólogo, periodista e investigador.

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